jueves, 9 de junio de 2011

La caducidad de Marx

En una clase sobre las críticas al estructural funcionalismo una estudiante intervino para decir, con el habitual sonsoneo de la banalidad: “profe: a conciencia, Durkheim es más fino que Marx”.

Tan discretamente como pudo D. se burló de la inmadurez de su apreciación. Pero en lugar de argumentar su convicción se defendió abriendo su polvera y corrigiendo el maquillaje de sus ojos.

Una semana más tarde la misma chica intervino a propósito de las palabras de un compañero para señalar que la única razón por la que estudiaría a Marx era el hecho de que así se lo exigía la Universidad, pero que en realidad le parecía irrelevante vista la caducidad de sus planteamientos. Caducidad que a su vez le atribuía al hecho de que el hombre hubiese vivido hace 150 años.

D. sintió que Carlitos se revolcaba en su tumba y le preguntó si pensaba que las leyes del mercado estaban igualmente caducas: “No! -dijo… por supuesto que no!!!”

D. intentó un argumento más explícito y le señaló que si le parecían caducos los planteamientos de Marx por viejos, había un problema, visto que las leyes del mercado habían sido expuestas bastante antes de la publicación del Capital por un señor llamado Adam Smith. Sin poder responder, tomó su bolsa y abandonó el salón de clases con sus ojos perfectamente maquillados.

Con el tiempo D. descubrió que la chica en cuestión era militante de un partido de extrema derecha. Escuchando esta anécdota cualquiera se regocija pensando que a la derecha le faltan argumentos. Pero el regocijo se vuelve rápido en escalofríos cuando se piensa que si no tienen argumentos lo único que les queda es la fuerza bruta.

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