viernes, 17 de junio de 2011

Si ganas igual pierdes

Así le dijeron al director de una institución cuya tradición obligaba a consultarle a la asamblea el nombre de sus autoridades. 50 años tenían en eso de la consulta y la ratificación de la opinión de la Asamblea, cuando de repente las reglas del juego cambiaron. La consulta se hizo y el director fue apoyado por 600 de sus 800 compañeros para continuar en su gestión un período más. Pero no era suficiente, él había sido “el hombre”, pero ya no lo era más, nunca se supo por qué, ni para quién. Así que hubo que llamar a una nueva consulta.
Esta vez eran 3 los candidatos, la candidata de la derecha, el candidato de la quinta columna, el candidato oficialmente revolucionario (he dicho oficialmente). Los mismo 800 votaron, y la cosa quedó más o menos así: 223 votos para la derecha-derecha, 218 votos para la izquierda-oficial, 200 votos nulos (¡!) y 180 para la izquierda-traicionera. ¡Divide y vencerás!
Los resultados no se respetaron porque en plena democracia participativa y protagónica era muy feo reconocer que la derecha más recalcitrante había ganado. Así que sobre el argumento de que la consulta no era vinculante con la decisión del ente rector, se desconocieron los números y se nombró al candidato oficial nuevo presidente de la institución en cuestión.
Obviamente el hombre llegó con una legitimidad muy cuestionada. La derecha ya había armado sus argumentos e iban saliendo a introducir un recurso de amparo ante el Tribunal Supremo de Justicia, cuando en la puerta les advirtieron que el “nuevo hombre” tenía varias propuestas para ellos. Pactaron y a nadie se le impugnó. La derecha se quedó con el coroto y a la izquierda la sacaron a pescozones.
Y si, aunque ganes, pierdes.

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